lunes 26 de mayo de 2008

Fuera de Servicio

Estamos estudiando, volvemos el miércoles con el capítulo 5 y una sorpresita...

Aunque suene bien hp, (lo cual no es cierto, mi mamá es una señora muy correcta), quisiera hacer una pequeña aclaración con unas gotitas de bilis: Recordate que fui YO la que te dejó a VOS, así que deje de andar jugando como si me doliera NI MIERDA. Y no te dejé porque "qué vacilón, vamos a ver que pasa", yo me fui porque MEJOR SOLA QUE MAL ACOMPAÑADA. Ya lo veo haciendo ojitos de perro faldero pretendiendo que usted es la víctima, pero NO, NI YO TAMPOCO, víctimas hubieran sido los hijos que podría haber tenido con usted. NO, NO SOY una maldita, pero prefiero ser mil veces MALDITA (y demás denominaciones que me han dicho) que ser TONTA e INGENUA, porque TONTA sí fui, pero APRENDÍ, y aunque sí, ya ven que sí hay mujeres disuestas a vivir así, YO NO, NO SEÑOR, esos hombres que vayan a darle la vuelta al parque pero a mí NO. ¿Qué quieren que les diga? ¿Que sufra y que llore? ¿O que agüante como las abuelas de antaño y diga que pobrecito? NI MIERDA, los únicos que supimos la historia fuimos los que la vivimos, y el/la que me juzgue mal, pues Diay!, qué se le va a hacer; pero que quede claro que una historia contada con odio y resentimiento no suele ser 100% veraz. ¿Esto? Nooo, esto no es nada de eso, esto es lo que pasa cuando uno se queda calladito mucho tiempo en lugar de decir las cosas como son, al final salen a borbotones.

¿QUÉ? Sí, tengo un carácter bien inflamable, pero se apaga rapidito...

jueves 15 de mayo de 2008

Simios sin alma -Cap 4-

Capítulo 4

Fuimos recibidos con lo que en un principio creímos se trataba de hostilidad. No fue sino hasta que días después recibimos el mismo trato en otros tantos centros de investigación que nos dimos cuenta de que era temor. Un temor inconmensurable. Estudiantes, técnicos, investigadores... Todos evitaban hablarnos, incluso mirarnos al rostro. Susurros, murmullos y miradas fugaces acompañaron cada uno de nuestros pasos a lo largo de nuestra búsqueda. Sin embargo, al mostrar nuestros "mágicos" papeles a los encargados de cada institución se nos abrían puertas por mí jamás imaginadas: un acuerdo tácito de confidencialidad y colaboración rodeaba todas nuestras preguntas a donde fuese que estuviéramos.

Peter*, un estudiante de doctorado, fue asignado por sus superiores en el Instituto Roslin para guiarnos por el obligado "tour" de las instalaciones y responder a nuestras preguntas. Joven y de chispa brillante, la única información que no supo (o no quiso) brindarnos fue acerca del paradero del Dr. Wilthmoot. Luego de mostrarnos los impecables laboratorios, de explicarnos cada uno de los proyectos de investigación en curso y de amablemente brindarnos una taza de café, jamás esperó la orden que delicadamente Parisi había guardado para el final. Sus palabras le cayeron a Peter como un vaso de agua fría; la transfiguración de su rostro y el ligero temblor de sus manos evidenciaron su inmediata explosión de nerviosismo, el cual había logrado disimular con elegante gracia inglesa hasta ese instante. Nosotros, por otro lado, estábamos desconcertados. Creo que fue la primera vez que nos dimos cuenta de que realmente no conocíamos el plan trazado por Parisi. Hoy sabemos que estábamos a su lado única y exclusivamente como salvaguardias de la información, para que viéramos con nuestros propios ojos la pruebas antes de que fueran destruidas, antes de que su guardián y protector abandonara al fin este mundo. Hoy, los guardianes de esos recuerdos somos nosotros: más aún, las pruebas sobreviven en nosotros.

- Muéstrenos el sector ALFA

Así de simple. Así de directo. Así de escandaloso. Las palabras de Parisi dieron la impresión de amplificarse en el comedor donde nos encontrábamos, al tiempo que la habitación pareció hacerse más pequeña mientras que todos los demás sonidos se apagaron, escuchándose sólo el latido incontrolable de Peter y el tintineo del manojo de llaves con el que jugueteaban sus nerviosas manos. Su respuesta fue categórica: - No sé de qué me está hablando. Evidentemente, Parisi no iba a permitir semejante descaro: tomó fuerte pero amablemente a Peter del hombro y le dijo algunas palabras al oído. No necesitábamos saber cuáles fueron, puesto que, de inmediato, Peter sacó una llave del manojo y nos indicó que tomáramos el elevador al sótano en el Edificio C. Una vez allí sabríamos qué hacer.

Seguimos en silencio y con prisa a un fugaz Parisi, quien evidentemente no necesitaba preguntar dónde estaba el Edificio C. Nuestra llave abrió diligentemente la puerta al ascensor, pero una vez dentro nos dimos cuenta de que necesitábamos introducir una clave en el tablero para hacerlo funcionar. No obstante, Parisi nos sorprendió una vez más, digitando los números rápida y determinadamente. Mientras el elevador en movimiento zumbaba con levedad, mi ansiedad iba en aumento: habíamos sido previamente instruidos a no hacer preguntas hasta que él nos indicara que era seguro. La señal no había llegado... No todavía...

Cinco, seis, siete niveles. La puerta se abrió con un chirrido amplificado por el espacio vacío al otro lado. Nada. Absolutamente nada. Miré a Nino en búsqueda de una explicación, pero él me contestó con la misma pregunta en sus ojos. Nuevamente, seguimos a Parisi a través de una enorme habitación vacía, con el suelo de concreto intermitentemente decorado por manchas de color marrón, y mal iluminada por unas cuantas bombillas amarillentas. Luego de lo que para mí fue un trayecto interminable y, acompañados únicamente por el ruido alarmante de nuestros pasos, divisamos la entrada a un oscuro pasillo. En el umbral, Parisi introdujo una misteriosa tarjeta electrónica (no sería la última vez que la veríamos) en un tablero metálico con teclas de plástico calcinadas. La luz fluorescente que inundó el corredor nos cegó por un instante. Entonces... Hasta donde mis ojos podían vislumbrar, el pasillo no tenía fin. Paredes, suelo y techo blancos. Miles de puertas metálicas con una serie de números inscrita en su superficie. A un lado y a otro, más manchas marrón... ¿O eran rojas? Fue ahí cuando nos dimos cuenta de que se trataba de sangre...

Parisi introdujo su tarjeta electrónica en el tablero de no sé cuántas puertas, sin ningún resultado. Finalmente, una de ellas, particularmente bañada de lo que sólo se puede describir como sangre y con un patrón de manchas de lo que no podrían ser otra cosa sino manos y dedos, se abrió con un sonido hermético, dejando salir una oleada de aire frío hacia nosotros. Parisi entró sin ni siquiera voltear a mirarnos... Fue la primera vez que titubée. Quizás fue la sangre, o tal vez lo que pude divisar al otro lado del umbral... Nino tuvo que tomarme de la mano y fuertemente dirigirme hacia dentro. Jamás lo imaginé posible... Por Dios...

*Los nombres fueron cambiados para proteger la identidad de las personas involucradas.
Basado en hechos reales.



Continuará…

domingo 4 de mayo de 2008

Simios sin alma -Cap 3-

Capítulo 3

Nuestro paso por los Estados Unidos fue corto e infructuoso. Nuestro contacto en la UCLA, un tal John*, debía a su vez presentarnos con un grupo de investigadores del sector privado, únicos con la tecnología y, sobretodo, con los fondos para trabajar bajo la sombra del siempre puritano gobierno estadounidense. Sin embargo, las autoridades norteamericanas no tardaron en recibir algún informe secreto acerca de nuestra búsqueda; así, sin ni siquiera habernos instalado en nuestro hotel, fuimos amablemente escoltados por un grupo desmesurado de caballeros vestidos de negro al aeropuerto más cercano. Una vez allí, nos dieron la libertad de escoger un vuelo en primera clase hacia cualquier lugar del mundo fuera de su territorio, bajo la "recomendación" de abandonar nuestro interés en el asunto y de regresar cuando quisiéramos, siempre y cuando fuese bajo cualquier otra circunstancia. Semejante amabilidad nos resultó sospechosa y, al menos a mí, aterrorizante... No obstante, Parisi nos explicó que los sellos en nuestros pasaportes y las cartas de su misterioso amigo europeo eran lo que mejor se puede explicar como "salvoconductos modernos": un equivalente de nuestro tiempo a portar una carta del mismísimo Emperador romano en la época de gloria de esta cultura. En todo caso, algunos días más tarde comprendimos que aunque los norteamericanos se encuentran a la vanguardia en el desarrollo de la biología molecular (qué mejor ejemplo que la secuenciación completa del genoma humano por Celera Genomics), las verdaderas interrogantes y las evidencias más fuertes de nuestra búsqueda estaban en el Viejo Continente...

***

Toda pregunta nuestra dirigida a Parisi acerca de la identidad de su protector e informante europeo fue siempre recibida con una oleada de frialdad e indiferencia, como si por un instante nuestras voces hubieran sido apagadas a los oídos del Doctor. Sospecho que quizás así era, dada la disponibilidad ilimitada de dinero y poder de este hombre misterioso. Considero valioso agregar este paréntesis, dado que hoy sabemos que seguimos vivos y estamos en libertad por la intervención diplomática de este personaje y, por supuesto, por haber "diligentemente" destruido los documentos de nuestra investigación (basta decir que no se trató de un evento voluntario). Siendo un secreto a voces, nuestros detrimentores pensaron que nadie creerá nuestra historia sin la información que la respalda. Sin embargo, nosotros sabemos que quizás en el futuro (quizás hoy mismo) alguien con mejores recursos logrará probarlo. Quizás, incluso, es posible que alguna de las que llamaremos "mentes creadoras" se responsabilice de sus acciones y haga públicos sus resultados. Sabemos de primera mano que muchos de los involucrados mantienen sus bocas cerradas y sus experimentos bajo tierra sólo porque viven aterrados ante la idea de perder su trabajo y, sobretodo, su prestigio. Y, finalmente, sabemos que en este mundo de misterios y conspiraciones, no existe nada más poderoso que un rumor; algunos se tornan tan poderosos que ni siquiera las evidencias de la verdad pueden destruirlos. Así, sabemos que nuestra denuncia al menos encenderá la curiosidad colectiva.

***

Un poco desorientados, quizás lo más lógico era empezar con el más claro y famoso de los ejemplos; así, nos embarcamos con dirección a Escocia, particularmente al Instituto Roslin de la Universidad de Edinburgo. En primera instancia, nos emocionamos al pensar que conoceríamos a los doctores Wilthmoot* y Kammpbel*, pero Parisi nos sorprendió al indicarnos que ambos ya no formaban parte del equipo de trabajo de dicho Instituto, donde, sin embargo, se seguía experimentado con su legado. Ante nuestra perplejidad, Parisi nos reveló que incluso es imposible determinar su paradero... Conocíamos de sobra la controversia alrededor de la autoría de los experimentos, los libros publicados por los creadores en un intento por dar crédito a todos los involucrados, incluso las disputas por discriminación. Desconocíamos que Wilthmoot había sido recientemente (para las celebraciones de año nuevo del 2008) envestido como "Caballero" por la Reina de Inglaterra (evento que no estuvo ausente de protestas). Tampoco sabíamos que, si bien hasta esa fecha se encontraba fungiendo como Director de un reconocido centro escocés de investigación médica, al inicio de febrero de este año desapareció de la faz de la tierra aparentemente "derrotado" por el anuncio de un sistema alternativo de clonación desarrollado por científicos japoneses. Luego de más de una década de estudiar la posibilidad de la clonación humana, el científico dio marcha atrás en sus investigaciones... Más allá de levantar sospechas, creemos que lo que sea estuvo detrás de su decisión también incitó a Parisi y a su protector a hacer pública la verdad.

*Los nombres fueron cambiados para proteger la identidad de las personas involucradas.
Basado en hechos reales.



Continuará…

viernes 2 de mayo de 2008

Simios sin alma -Cap 2-

Capítulo 2

Pasamos toda esa noche leyendo los artículos no publicados de decenas de científicos, reportes de otros laboratorios, bitácoras personales, notas de campo, informes de ensayos... No había ninguna duda. ¿Cómo ha permanecido oculta esta información durante tanto tiempo? Más de 10 años han pasado desde que se anunció su nacimiento. Su muerte temprana en el 2003 fue claramente justificada... Miles de preguntas como estas rondaban nuestras febriles cabezas. Se me detuvo el corazón cuando el timbre del teléfono nos sacó a los tres de nuestras cavilaciones.

Era la Embajada Italiana. Los compañeros de Parisi* habían sido extraditados a su país natal desde Francia. Las autoridades francesas se disculparon por el aparente malentendido: justificaron la retención de los científicos puesto que compartían características con un grupo de terroristas buscados por la Interpol. Obviamente, según nos enteramos después, los despojaron de todas sus pertenencias y la preguntas de las interrogaciones iba dirigidas hacia el mismo punto: ¿Dónde estaban los documentos?. Afortunadamente, Parisi tomó un vuelo en una aerolínea distinta a la de sus compañeros: las "autoridades" francesas que retuvieron a los demás italianos nunca se dieron cuenta de que se les había escapado el pez gordo.

Parisi nos explicó entonces que no era la primera vez que sucedía algo similiar: decenas de científicos son retenidos todos los días en los aeropuertos del mundo, bajo la excusa de revisar sus permisos para portar material biológico, químico o electrónico. Sin embargo, la mayor cantidad de detenciones e incautaciones se refiere a material en teoría "inocente": portafolios y carpetas con documentos científicos de toda naturaleza, todo tipo de discos y aditamentos de almacenamiento electrónico externo, así como computadoras y demás aparatos similares. Pero no se trata de cualquier tipo de documentos: sólo aquellos relacionados con la fatídica noticia...

Luego de discutir acaloradamente acerca de ¿porqué ocultar esta información?, surge la verdadera pregunta: ¿quién?... Parisi nos relata que más allá de los poderes políticos y religiosos, son las propias mentes creadoras quienes se han dado a la tarea de silenciar sus propios resultados. Entonces todo encaja, todo tiene sentido. Si el mundo lo supiera, se acabarían los fondos para la investigación científica, significaría el fin de la era de la biología molecular... Por supuesto. Quizás lo que más nos sorprendió en ese momento fue la pregunta de Parisi: ¿lo ocultaríamos nosotros también? Estuvimos tentados a decir que no, pero la realidad es y siempre será otra: claro que lo ocultaríamos. Nadie querría ser el responsable de semejante descubrimiento. Sin embargo, la última voluntad de Parisi nos ata. Hoy, aunque la información que recabamos fue destruida, sabemos que los documentos originales siguen ahí, en los laboratorios de la infamia. Hoy, aunque no podamos probarlo, estamos dispuestos a denunciarlo.

Aquella mañana transcurrió silenciosa, hasta que el timbre del teléfono volvió a desviar nuestra atención. En esta ocasión, Parisi conversó acaloradamente con el que luego supimos era su contacto en el Parlamento Europeo. Fue este misterioso personaje quien instó a Parisi a tomarnos como sus acompañantes en su búsqueda. Sólo un par de horas después nos encontrábamos en el aeropuerto Juan Santamaría, con una pequeña maleta de viaje y un portafolio con papeles y permisos de acceso migratorio internacional, junto con una desmesurada suma de dinero… Todo cortesía de nuestro secreto amigo europeo. Tomados de la mano mientras despegaba nuestro avión con rumbo a los Estados Unidos, Nino y yo salimos esperanzados a la búsqueda de respuestas. Jamás imaginamos regresar con el triple de preguntas.

*Los nombres fueron cambiados para proteger la identidad de las personas involucradas.

Basado en hechos reales.

Continuará…